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vivir en un ‘déjà vu’ o por qué buscamos casas que recuerdan a aquella en que pasamos nuestra infancia

Posted by: In: Inmobiliaria 28 Nov 2014 Comments: 0 Tags: , , , , , , ,
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“Hogar, dulce hogar”. No hay mejor frase para expresar el cariño que sentimos hacia nuestra casa, cada vez que llegamos de un largo viaje, una matadora jornada laboral o tras una salida nocturna. Un cariño y una sensación de seguridad que, a veces, funciona como un iglú, evadiéndonos de los problemas.

Quizá no recuerdes con toda claridad la emoción que sentiste al ver por primera vez tu casa, y probablemente no te hubieras percatado de ello porque todo el mundo sabe cuándo le gusta algo y normalmente no se hace más preguntas. Pero, ¿y si en el momento en que te hiciste con lo que es ahora tu hogar hubieras experimentado sensaciones de las que no eras consciente? ¿Y si compraste tu refugio gracias o por culpa de esas emociones? ¿Y si la casa que elegiste contiene partes de las anteriores casas en las que has vivido?

Preguntas como estas se hizo el grupo de investigación de la Universidad de Waterloo (Canadá) que quiso comprobar lo que sucede en nuestro cerebro cuando nos encontramos en un espacio determinado. Dirigido por el neurocientífico Colin Ellard, el estudio se centró precisamente en aquello que sentían las personas cuando elegían y compraban una casa nueva.

Para ello, los científicos colocaron a varias personas dentro de un gimnasio vacío y les dieron un par de gafas de realidad virtual con las que sumergirse en el interior de tres posibles hogares futuros. Cada uno de los edificios evocaba una serie de emociones muy diferentes entre sí.

El primer escenario, obra del prestigioso arquitecto Frank Lloyd Wright, contenía una sala con chimenea, alcobas de techos bajos y colores cálidos, como el de la madera, que dejaban un regusto de seguridad, comodidad y calidez.
El segundo, de Sarah Susanka, era una de aquellas residencias donde lo importante es que todo quepa en un espacio de sesenta metros cuadrados.

Susanka también suele emplear materiales naturales, como la madera o la piedra, para decorar suelos y encimeras. Y la tercera, el tipo de hogar más famoso de los Estados Unidos: la residencia estilo ‘cookie-cutter’.

A medida que las personas caminaban por sus hipotéticas opciones de compra, los investigadores les hacían preguntas sobre las sensaciones que estaban experimentando. Y las respuestas dieron alguna que otra sorpresa.

“Cuando les preguntamos dónde les gustaría hacer una determinada tarea en una parte de la casa, la mayor parte de los participantes elegían los espacios pequeños para la toma de decisiones y los lugares abiertos para las actividades sociales”, explica Ellard en uno de sus artículos.

Y entre las tres opciones, el 70% de los encuestados no dudaron en decantarse por la residencia ‘cookie-cutter’. La mayor parte de ellos argumentaba que esa casa sería la que mejor se ajustaría a su bolsillo, mientras que un 12% aseguraba que era la que mejor encajaría en su estilo de vida.

La investigación del grupo de Ellard aún sigue en marcha, pero ya el neurocientífico está considerando la opción de que se repita el mismo resultado que ya obtuvieron su equipo y él con otro experimento. En aquella ocasión, no fueron casas sino calles los escenarios elegidos para comprobar las emociones que provoca el entorno. Sensaciones que están muy relacionadas con la historia personal de cada uno.

La psicología ambiental

En uno de sus artículos, Ellard cuenta lo que le ocurrió cuando vio por primera vez la casa en la que vive hoy en día. Quedó prendido nada más verla, recordando los momentos que había vivido en otras casas, y no pensó demasiado en el ahogo que supondría la hipoteca. Dos años más tarde, decidió recorrer todos los hogares en los que se había asentado y se dio cuenta de que sus casas eran siempre muy similares – cuando no exactamente iguales – a la que había sido su primer hogar.

La historia del científico encaja a la perfección en uno de los campos de estudio más curiosos de la arquitectura: la psicología ambiental. Varias han sido las investigaciones en las que neurólogos y arquitectos han comprobado que el ambiente en el que nos situamos afecta nuestro comportamiento o en la forma en la que tomamos nuestras decisiones.

Así, el color de las paredes o las curvas, o rectas de una mesa o un sofá, evocan una serie de emociones muy distintas entre sí y que podrían hacer que una tienda se vendiera mejor o que, en un hospital, un paciente se recupere mucho antes.

Hoy en día, ya hay arquitectos que contratan los servicios de un psicólogo para diseñar nuevos edificios en función de las sensaciones de los clientes.

Es posible que, en el momento en que elegiste tu vivienda, no conocieras al arquitecto, y mucho menos al experto en la mente humana que prestó sus servicios para generar un ambiente a tu medida. Sin embargo, de forma inconsciente, tu nueva casa se inundó de recuerdos felices vividos en anteriores residencias, en las que también decías, nada más pisa la alfombra, aquello de “hogar, dulce hogar”.

Source: Idealista

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